Retrovisión
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El montañismo, en su breve
historia ha pasado por distintas etapas, por lo exploratorio, lo deportivo, lo
épico, lo bohemio, lo comercial, la afición, lo espiritual, la profesión y en
algunos casos hasta ha rozado lo sectario, es difícil definirlo en general y
cada expresión es, a su medida, valida y legitima.
En sus orígenes tal como lo
conocemos hoy, sobre el final del siglo XVIII, aparece junto a la impronta de
la flamante burguesía inglesa, que en función de sus ambiciones de supremacía,
la búsqueda de escapar a las tensiones de una sociedad que cambiaba vertiginosamente,
curiosidad ilustrada o una forma de templar el carácter para enfrentar las
decisivas batallas sociales que, esa nueva clase ascendente de Inglaterra,
debería enfrentar en su misión de contener al proletariado que organizado
reclamaba sin cesar debido a la desproporción de los esfuerzos a los que eran
sometidos y también lo duro que resultaba ganar espacio en el traspaso del
poder hasta ese entonces en manos de la aristocracia y la realeza que no cedían
sin fricciones y encontronazos.
Fue así que el “Gran Tour” creado
por la aristocracia británica para respirar otros aires y contemplar otros
paisajes se le sumo Chamonix y se convirtió en mucho más que un paseo por los
valles montañosos de Francia y Suiza, en principio despertó el interés por
comprobar algunas teorías fisicoquímicas, atmosféricas y geográficas planteadas
como consecuencia de la ilustración, movimiento que encontró su
institucionalización en la Royal Societe y que influyó de manera significativa
al conjunto de la sociedad. Una vez superado ese estadio dejaron los tubos de
ensayo, los pesados aparatos de medición y se proclamó el desafío de las
cumbres como una afirmación, un escape o como una conquista.
Acometieron las montañas con la
misma lógica que gestionaban sus fábricas, buscaron gente dispuesta a hacer el
trabajo pesado y riesgoso a cambio de unas libras y encontraron en los humildes
campesinos de los valles alpinos un grupo de aliados que venciendo la
superstición y el miedo estuvieron muy dispuestos a acompañar a los señores en
sus conquistas, empezaron llevando bultos y sugiriendo el camino hasta
convertirse en guías de montaña con capacidad para tomar las decisiones que
muchos señores no estaban dispuestos ni preparados para
tomar.
Pasó casi un siglo de conquistas
en todo el arco alpino y los guías edificaron sus organizaciones y
corporaciones, también una cultura que los instalaba como imprescindibles en la
lógica de ese alpinismo primigenio, hasta que Albert Frederick Mummery expuso
su idea de “por los medios justos“ (by fair means), probablemente
influenciado por el poeta William Blake quien ya en el siglo XVIII había escrito en ese sentido;
con esa idea sustentaba su revolucionario
postulado del alpinismo sin guías y fue tan influyente, innovador y
transformador que Hermann Bull y Reinhold Messner, posteriormente, lo han
calificado como el fundador del alpinismo moderno. Su idea de ascender sin
guías fue considerada un acto temerario a fines del siglo XIX, paradójicamente,
tal cual es considerado en estos días del siglo XXI.
Desde los comienzos, mientras
Balmat y Packard ascendían el Mont Blanc, como la vida misma, el alpinismo fue
evolucionando influenciado por los cambios que provocan los movimientos socio
culturales, cambios que son el eje de una sociedad que se transforma.
Mummery con sus ideas rescató la componente épica, heredada de los ancestrales
valores exploratorios, expedicionarios y aventureros, dentro de las etapas por
las que pasó, en el transcurso del siglo XIX tanto la ilustración en principio
y luego el romanticismo que surgió como contrapartida lo influyeron
significativamente y en el siglo XX también fue afectado por el nacionalismo y
otras corrientes ideológicas. Luego de la Segunda guerra se redefinieron varias
trayectorias sutilmente diferenciadas, el ski bastante hermanado en general
tomó distancia del alpinismo y la escalada sobre roca recibió la influencia de
los movimientos de la cultura juvenil con ciertos componentes derivados de los
aportes de Aleister Cronwley entre otros, posteriormente en la madurez del
siglo, del positivismo marxista, en la Unión Soviética, recibió presiones y
contribuciones para adaptarlo al panteón de los deportes con reglas y con
potencial de conseguir medallas honorificas que justificasen las inversiones y
esfuerzos hechos por el colectivo, fue así que se promocionaron por primera vez
las competiciones entre escaladores, lo que generó un pequeño escándalo y
fuertes discusiones entre los más conservadores alpinistas de Europa para
quienes la competición mancillaba el espíritu y el honor de la actividad, pero
la historia es implacable y la escalada deportiva de competición, ciertamente
lejos de los principios fundacionales, creció hasta hacerse regulada y
reglamentada, fundar su propias organizaciones de representación y fiscalización
hasta alcanzar el olimpismo y con ello un nivel de popularidad y aceptación que
la igualan a otros deportes emergentes. También, sobre el final del siglo,
algunas secciones del alpinismo fueron tomadas por varios innovadores modelos
de competición, los llamados deportes de aventura y entre ellos una práctica
que había sido parte de las rutinas de los primeros alpinistas que empezaron a
entrenar fuera de los ascensos en sí mismos, como era la tradición, promovió el
desarrollo del atletismo por senderos de montaña, actividad que al igual que
escalada deportiva tomaron sus propios caminos.
Dentro del montañismo continuó,
motorizada por los representantes más destacados, habilidosos y experimentados,
la búsqueda de reconocimiento, consolidando a la vez la idea de hacer
lucrativas estas actividades y por ello se orientaron a la profesionalización
para conseguir recursos con que subsistir o financiar logros de alto impacto,
fue así como se originaron varios estilos, algunos han obtenido mayor
reconocimiento y prestigio, seguramente bien ganado y subsisten al día de hoy
en conjunto con otros mucho menos notorios, siendo cierto, también, que se
cruzan en muchos puntos y que la sombra de la confusión los hace parecer más o
menos lo mismo a los ojos del gran público.
Por un lado, junto con la
expansión del turismo en la naturaleza se consolidó el sector de las guiadas,
en el cual los habilidosos y experimentados continuaron ofreciendo sus
servicios a personas que no poseían las cualidades ni atributos necesarios para
la práctica del ascenso o la escalada, esto creó innumerables corporaciones y
empresas de guiado y se nutrió del segmento de los clientes, quienes impulsan
la dinámica financiera de la actividad a cambio de experiencias memorables,
empaquetadas, algunas incluso bajo normas ISO.
Otros, un exclusivo grupo, en
cambio, más apegados a los desafíos personales, atentos al desempeño
cualitativo, recurrieron a una mayor deportivización para tratar de catalogar y
jerarquizar sus logros haciendo hincapié en ciertos códigos con la clara intención
de simular la regulación existente en los deportes más convencionales,
direccionando su hacer al ámbito de los medios de comunicación, tratando de
popularizar sus hazañas y récords, para llamar la atención de posibles
patrocinadores. Nada es ilegitimo, tan lineal ni departamentalizado y los
límites de estos estilos son, en ocasiones, poco claros.
Definir el alpinismo actual
también es una tarea difícil, si observamos como arriban las personas a la
actividad comprobamos que para algunas personas es una experiencia que nace de
expectativas o anhelos intrínsecos, como: curiosidad, ambición, satisfacción,
afirmación, reconocimiento, egoísmo y/o amor propio, una búsqueda que a través
del contacto con los elementos de la naturaleza, en uno de los escenarios
quizás más intimidantes y bellos del planeta, pretende expresar una carga
emocional expansiva, desplegando capacidades psicofísicas excepcionales,
imponerse o adaptarse a las fuerzas de la naturaleza, construir autoconfianza y
prestigio personal como consecuencia de alcanzar desafiantes objetivos, en
consecuencia con estas experiencias, casi en las sombras a medias visible y
poco reconocida, persiste otra tendencia que matiza el universo del montañismo,
una especialmente rescatable y valiosa, tal vez invisibilizada y postergada por
su aspecto bohemio, espiritualista o naturalista, que sin descuidar el sentido
cualitativo que otorga la dificultad, el aislamiento y el peligro no corre tras
los récord ni los titulares en la prensa, es el montañismo de aficionados
quienes gozan del hándicap que se otorga al que se dedica esporádicamente, este
estilo no persigue la profesionalización, siendo un tipo de alpinismo más
personal y a veces cargado de sentimientos, inspirado en tradiciones de tiempos
inmemoriales, que arriban narradas en fogatas y ventiscas que hablan de hazañas
y catástrofes, de héroes y miserias. Esta tendencia es la más apegada a los
valores de Mummery, se sustenta en la épica como razón para subir montañas y
las búsquedas transitan el campo introspectivo de cada uno, la espontaneidad de
la camaradería y la sensación abrumadoramente satisfactoria de la construcción
de equipos poderosos, está muy claro que estas experiencias nunca se
alcanzarán marchando detrás de un guía o baqueano, porque la toma de decisiones
en conjunto en medio de la incertidumbre, el peso de la responsabilidad, el
compromiso y el compartir sin eufemismos, proporcionan el marco basal de la
experiencia vital de alta intensidad, que es el único premio en este estilo.
En los últimos veinte años se ha
modificado la forma de arribar a estas actividades, el faro que más atrae es un
mensaje creado por expertos en marketing, copyrighters, community managers y
asesores de imagen corporativa, un llamado hecho a través de los medios de
comunicación y redes para promocionar un producto convincente, capaz de
convocar masivamente, bien adaptado a las normas del mercado, prometiendo:
seguridad, confort, resultados y bienestar, es la versión más sofisticada del
turismo de montaña, convocando clientes perseguidores de experiencias
emocionantes y también a un innovador lote de atletas, provenientes de esa
actividad alumbrada después de un encuentro virtuoso entre el rozagante
alpinismo y el abuelo atletismo, llamada “trail running”, que quieren ir muy
rápido cuesta arriba, sin tener que lidiar con la logística, las decisiones
tácticas ni la incertidumbre propia del viejo alpinismo. Este segmento,
del turismo activo que es en sí mismo una promesa de buenos negocios, a la vez,
ofrece una salida laboral con buenos ingresos, atrayendo a algunos con una
relación más o menos sentimental con las montañas y a muchos que persiguen las
promesas económicas, más satisfactorias que la minería, la agricultura o la
ganadería, esto ha generado la fundación de un sin fin de escuelas de guiado,
fundadas y dirigidas por los más destacados, habilidosos y experimentados, que
promocionan carreras cortas con salida laboral y altos ingresos. En esta
simbiosis, son los clientes quienes depositan su confianza, su billetera y sus
esperanzas en las capacidades logísticas de las empresas de turismo activo.
Obtienen a cambio experiencias de valor y mayormente pueden exhibir inmerecidos
logros al amparo de la confusión que subsiste alrededor de estas actividades,
al punto, que algunos tienen la osadía de dar conferencias de toma de
decisiones cuando su única decisión trascendente en el ámbito del montañismo,
ha sido la correcta elección de la empresa que les provea certidumbre, confort
y contención.
No hace falta indagar mucho para
detectar un abierto contraste entre el montañismo guiado, convertido en
“producto montaña” y el de los aficionados con vocación de autonomía e
independencia. Este “producto” no es nuevo, pero al adquirir dimensiones de industria
global en las últimas dos décadas, ha colonizado la cultura de montaña y a
través de la acción combinada de las empresas de turismo activo, las
corporaciones de guías, la industria de equipamiento, vestimenta y accesorios,
los medios de comunicación y los funcionarios ocupados de proteger a los
“simples mortales” de su propia incompetencia, ha puesto cercos conceptuales y
también legales al acceso a las montañas.
Solo un puñado de organizaciones y un contingente poco numeroso y marginal de montañistas independientes sostienen los ideales del alpinismo no guiado que se estrella contra las regulaciones y restricciones, porque necesita libertad e implica responsabilidad. Los clubes y asociaciones, en su mayoría, han sido afectadas por la ausencia de argumentos consistentes, la falta de integridad, las contradicciones como "montaña libre y segura" y los compromisos ideológicos y pecuniarios, por lo que la mayoría ha arriado las banderas de la iniciativa propia, la toma de riesgo, la autonomía y la responsabilidad. Por afinidad, comodidad o conveniencia han optado por sumarse al contexto paternalista del poder que te cuida, que te quita artificialmente el peso de la responsabilidad, que otorga dadivas para consolidar su influencia y así, amablemente, imponer restricciones y regulaciones que tratan de equiparar al montañismo con las exigencias de cualquier otro producto del mercado y en conjunto con las empresas de turismo activo ponerlo a la altura de las expectativas de funcionarios afectados por la fobia a cualquier tipo de sufrimiento o dolor que se espantan ante la toma de riesgo, la adversidad y la incertidumbre, convencidos que es así para todos, porque por décadas han influenciado a los sistemas educativos, culturales y hasta de justicia para crear las condiciones que faciliten la opción de la debilidad y el culto por el confort como estilo de vida mayoritario casi excluyente, hecho que surge de sociedades en las que prevalece la abundancia y la estabilidad, por eso: urbanizando, restringiendo, normalizando y regulando, tratan de quitarle el peligro, la incertidumbre, la adversiudad y la inestabilidad que le son propias a las montañas, lo hacen; unos para vender más y los otros “por nuestro propio bienestar” porque para ellos somos osados, inconscientes e incompetentes que debemos ser cuidados, tal como está expresado en la biblia del paternalismo libertario, la obra de Cass Sustein y Richard Thaler publicada en abril de 2008 bajo el título “Nudge”. Son estas personas, funcionarios, empresarios y emprendedores las encargadas de marcar el camino para las masas de “humanos”, porque ellos serían los “econos“ en esta ecuación y por ende también recae sobre tan iluminada vanguardia signar a las ovejas descarriadas denostarlas y hasta perseguirlas, mayormente por resultar molestas y poco constructivas para sus ambiciones de poder, sus modelos de negocios o simplemente su filosofía de vida; en definitiva, porque atentan contra su vocación de controlar y someter.

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